lunes, 18 de mayo de 2009

Testimonios y Consecuencias II

Graciela Valencia, vive en el edificio Michoacán, a un lado del edificio Nuevo León que se derrumbó con aquel terremoto.
Aún dormía cuando empezó a temblar, y al lograr salir de su casa se encontró con la imagen que hoy recuerda bien:

"Caía el edificio y salía la gente, la que estaba bien, de las ventanas, y fue una cosa espantosa, que ahorita me acuerdo y todavía me pongo chinita… fue horrible…

" Anecdotas de “Los Topos”

Héctor Méndez trabajaba como contador público, y ese día dejó su trabajo y se dedicó a ser voluntario en desastres:

"Yo llegué aquí a las 9 de la mañana... Yo sabía que no me podía quedar ahí en mi casa, viendo la televisión, oyendo el radio, yo sabía que tenía que venir... La gente le pide a Dios ayuda, y Dios a ti te mueve para que vayas a ayudar", cuenta Héctor.

Arturo Torres era mecánico, su camión pasaba por Reforma a diario, y ese día, al ver la tragedia, simplemente, se bajó:
"Al llegar aquí a este edificio, ver tanta gente, ver todos los edificios colapsados, como el edificio Nuevo León, ver tanta gente llorando, tanta gente herida, muertos gritando, fue un impacto muy duro para mí", recuerda Arturo.

A partir de esa tragedia, se hicieron comunes los simulacros de sismo que a todos nos tocaron más de una vez en la escuela. También, cobró fama la solidaridad mexicana y quedó en claro lo que actualmente ha vuelto a ser evidente: la ciudadanía de nuestro país reacciona ante las tragedias con mayor eficacia que el gobierno.

Otros testimonios interesantes:

Ama de casa: Yo nacería 40 días después del terremoto.
Aquel 19 de septiembre, mi madre no entendió la dimensión real de los hechos hasta que salió a la calle, a buscar dónde pasar la noche.

Se había terminado de bañar y vio a mi papá salir de la regadera corriendo y tomar a mi hermano de seis años. Ella abrazó a mi hermana, de cinco, "pero yo no sentí que fuera muy fuerte el terremoto", dice. "Y nos quedamos parados frente a la puerta de la recámara... Oí un ruido horrible y vi correr la mesa del comedor como si alguien la moviera. Es tan rápido que no alcanzas a entender. Pensé que era brujería.”

“ Luego oí un golpe en el baño y vi el azulejo tirado. Se calmó el temblor y al poco rato empecé a sentir que la loseta brincaba. Entonces, comencé a escuchar gritos y a ver los edificios caer. El ruido de la tierra al temblar es particular... Mucha gente corría en las calles, cubiertas de polvo... Durante meses pasé todos los días frente al edificio que abandonamos. Bajaba del taxi, veía que siguiera en pie y me iba. Sólo así podía conciliar el sueño."

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